Curaduría Soma Traducción

Cómo intoxicarte con tu propia química cerebral

“La premisa principal era que la educación sobre drogas no funciona porque nadie le presta atención. Lo que se necesita son las habilidades para actuar frente a esa información”.

En Islandia, el consumo adolescente de drogas, alcohol y tabaco ha disminuido radicalmente en los últimos veinte años. Para lograrlo, las autoridades hicieron el esfuerzo por entender por qué los jóvenes se acostumbran a estas sustancias y qué es lo que buscan al consumirlas.

Por Emma Young
Traducción de Valentina Pérez Llosa
Fotos de Dave Imms

Son un poco antes de las tres en una soleada tarde de viernes y el Parque Laugardalur, cerca del centro de la capital Reikiavik, está casi desierto a pesar de que ya acabó el horario de colegio. El parque está rodeado de edificios de departamentos y casas, pero solo lo atraviesa ocasionalmente un adulto con un carrito de bebé. ¿Dónde están todos los chicos?

Caminan conmigo Gudberg Jónsson, un psicólogo local, y Harvey Milkman, un profesor estadounidense de psicología que enseña parte del año en la Universidad de Reikiavik. Hace veinte años, dice Gudberg, los adolescentes islandeses estaban entre los jóvenes con mayor consumo de alcohol en Europa. “No se podía caminar por las calles del centro de Reikiavik un viernes por la noche porque uno se sentía inseguro”, añade Milkman. “Había hordas de adolescentes descaradamente borrachos”.

“Yo estuve en el ojo de la tormenta durante la revolución de las drogas”, explica Milkman tomando un té en su departamento de Reikiavik. A principios de los años setenta, cuando él hacía sus prácticas en el Hospital Psiquiátrico de Bellevue en Nueva York, “ya había llegado el LSD, y mucha gente fumaba marihuana. Nos interesaba mucho por qué la gente tomaba ciertas drogas”.

En su tesis de doctorado, Milkman concluía que la gente escogía entre heroína y anfetaminas dependiendo de cómo les gustaba lidiar con el estrés. Los consumidores de heroína querían entumecerse, los de anfetaminas querían confrontarlo activamente. Tras la publicación de su trabajo, fue seleccionado por el Instituto Nacional de Abuso de Drogas de los Estados Unidos como investigador para responder algunas preguntas: ¿por qué la gente empieza a usar drogas? ¿Por qué continúan? ¿Cuándo cruzan el límite entre el uso y el abuso? ¿Cuándo se detienen? ¿Y por qué recaen?

“Cualquier estudiante universitario podría decir: ¿por qué comienzan? Bueno, hay disponibilidad, les gusta tomar riesgos, alienación, quizá un poco de depresión”, dice. “¿Pero por qué continúan? Así que llegué a preguntarme dónde está la frontera entre el uso y el abuso. Ahí, las luces se encendieron: podían estar en esa frontera incluso antes de tomar una droga, porque de lo que abusaban era de su forma de lidiar con los problemas”.

En el Metropolitan State College de Denver, Milkman fue un investigador clave al desarrollar la idea de que la gente se volvía adicta a los cambios químicos del cerebro. Los chicos que eran “confrontadores activos” perseguían un ímpetu – lo conseguían robando tapacubos y radios y luego autos, o a través de drogas estimulantes. El alcohol, por ejemplo, también altera la química del cerebro, por supuesto, pero es un sedante. Lo primero que entumece es el control del cerebro, lo que puede retirar las inhibiciones y, en dosis limitadas, reducir la ansiedad.

“Podían estar en la frontera del uso y el abuso incluso antes de tomar una droga, porque de lo que abusaban era de su forma de lidiar con los problemas”.

“La gente puede desarrollar adicciones a la bebida, los autos, el dinero, el sexo, las calorías, la cocaína – lo que sea”, dice Milkman. “La idea de la adicción a los comportamientos se convirtió en nuestra marca de fábrica”.

De aquí surgió otra idea: “Ya que me parece obvio que la gente quiere cambiar su estado de conciencia, ¿por qué no organizar un movimiento social que gire en torno a gente intoxicándose con su propia química cerebral, sin los efectos perjudiciales de las drogas?”

Para 1992, su equipo en Denver había adquirido un fondo gubernamental de 1.2 millones de dólares para formar el Proyecto de Auto-Descubrimiento, una iniciativa que ofrecía a los adolescentes intoxicaciones naturales como alternativas a las drogas y el crimen. Les pidieron a profesores, enfermeras y tutores escolares que los pongan en contacto con chicos de catorce años a más con problemas de drogas o delitos menores.

“No les dijimos que venían para un tratamiento. Les decíamos, vamos a enseñarte lo que sea que quieras aprender: música, danza, hip hop, arte, artes marciales”. La idea era que estas diferentes clases pudiesen proveer una variedad de alteraciones en la química cerebral de los chicos, y darles lo que necesitaban para lidiar mejor con la vida: algunos podrían desear una experiencia que les ayude a reducir la ansiedad, otros podrían buscar un impulso.

Al mismo tiempo, los participantes recibieron entrenamientos en otras habilidades: mejorar sus pensamientos acerca de sí mismos y sus vidas, y la manera en que interactuaban con otras personas. “La premisa principal era que la educación sobre drogas no funciona porque nadie le presta atención. Lo que se necesita son las habilidades para actuar frente a esa información”, dice Milkman. Les dijeron a los chicos que se trataba de un programa de tres meses. Algunos se quedaron por cinco años.

En 1991, Milkman fue invitado a Islandia para hablar acerca de su trabajo, sus conclusiones y sus ideas. Se convirtió en consultor del primer centro residencial de tratamiento de drogas para adolescentes en Islandia, en un pueblo llamado Tindar. “Estaba diseñado alrededor de la idea de darles a los chicos mejores cosas que hacer”, explica. Fue ahí que conoció a Gudberg, quien era entonces un estudiante de psicología y voluntario en Tindar. Han sido amigos cercanos desde entonces.

Milkman comenzó a venir regularmente a Islandia a dar charlas. Esas charlas, además de Tindar, atrajeron la atención de una joven investigadora de la Universidad de Islandia llamada Inga Dóra Sigfúsdóttir. Ella se preguntó: ¿qué tal si pudiésemos utilizar las alternativas saludables a las drogas como parte de un programa enfocado en prevenir el consumo de alcohol y drogas en los chicos, en vez de solo utilizarlo para los jóvenes con problemas?

Hace un par de minutos, pasamos dos salones dedicados a la práctica de bádminton y ping pong. Aquí en el parque también hay una pista de atletismo, una piscina geotérmica y –al fin– algunos chicos a la vista, jugando al fútbol en una cancha artificial.

La gente joven no pasa el tiempo en el parque ahora, explica Gudberg, porque después del colegio están en estas instalaciones, o en clubes de música, danza o arte. También podrían estar en actividades con sus padres.

Hoy Islandia es el país que tiene a los adolescentes con el estilo de vida más limpio de toda Europa. El porcentaje de chicos de 15 y 16 años que habían estado borrachos durante el último mes cayó de 42% en 1998 a 5% en 2016. El porcentaje de quienes habían utilizado cannabis alguna vez ha bajado de 17% a 7%. Los que fuman cigarrillos cada día cayeron de 23% a tan solo 3%.

La manera en que el país ha logrado esta vuelta en U ha sido tanto radical como basada en evidencias, pero ha descansado en gran medida en lo que podría llamarse un sentido común aplicado. “Este es el más intenso y profundo estudio del estrés en la vida de los adolescentes que jamás haya visto”, dice Milkman. “Simplemente estoy impresionado con lo bien que está funcionando”.

Si fuese adoptado en otros países, arguye Milkman, el modelo islandés podría beneficiar el bienestar psicológico y físico de millones de chicos, sin mencionar el ahorro que implicaría para las agencias de salud y la sociedad en general. Es un gran “si”.

“Este es el más intenso y profundo estudio del estrés en la vida de los adolescentes que jamás haya visto”, dice Milkman.

¿Alguna vez has probado el alcohol? Si es así, ¿cuándo tomaste tu último trago? ¿Alguna vez has estado borracho? ¿Alguna vez has probado un cigarrillo? Si es así, ¿cuán a menudo fumas? ¿Cuánto tiempo pasas con tus padres? ¿Tienes una relación cercana con tus padres? ¿En qué tipo de actividades participas?

En 1992, los chicos de 14, 15 y 16 años de todos los colegios de Islandia llenaron un cuestionario con este tipo de preguntas. El proceso se repitió en 1995 y 1997.

Los resultados de estas encuestas fueron alarmantes. A nivel nacional, casi un 25% fumaban todos los días y más del 40% se habían emborrachado en el último mes. Pero cuando el equipo cavó más profundo en la información pudo identificar precisamente cuáles eran los colegios que tenían los peores problemas y cuáles tenían menos. Su análisis reveló claras diferencias entre las vidas de los chicos que empezaban a tomar, fumar y consumir otras drogas y los que no. Los factores de protección también salieron a la luz: la participación en actividades organizadas – en especial el deporte – tres o cuatro veces por semana, el tiempo total pasado con los padres durante la semana, sentir que se preocupaban por ellos en el colegio y no estar fuera de casa tarde por las noches.

“En ese momento se habían realizado todo tipo de esfuerzos y programas para la prevención del uso de sustancias”, dice Inga Dóra, quien fue asistente de investigación en las encuestas. “La mayor parte se construían sobre la base de la educación”. A los chicos se les advertía sobre los peligros de la bebida y las drogas pero, como Milkman ya había observado en los Estados Unidos, esos programas no estaban funcionando. “Queríamos proponer un nuevo enfoque”.

También el alcalde de Reikiavik estaba interesado en intentar algo nuevo, y muchos padres sentían lo mismo, añade Jón Sigfússon, colega y hermano de Inga Dóra. Jón tenía en ese entonces hijas jóvenes y se unió al Centro de Investigación y Análisis Social de su hermana cuando se creó en 1999. “La situación era mala”, dice. “Era obvio que había que hacer algo”.

Utilizando los datos de la encuesta y las conclusiones de investigaciones, incluyendo la de Milkman, se introdujo gradualmente un nuevo plan nacional. Se llamaba Juventud en Islandia.

Se cambiaron las leyes. Se volvió ilegal comprar tabaco con menos de 18 años y alcohol con menos de 20, y se prohibió la publicidad de tabaco y alcohol. Se fortalecieron los lazos entre los padres y las escuelas a través de organizaciones de padres de familia que se establecieron por ley en cada colegio, además de consejos escolares con padres de familia entre los representantes. Los padres fueron impulsados a participar en charlas acerca de la importancia de pasar cantidades de tiempo con sus hijos en vez de ocasionales “tiempos de calidad”, a hablar con sus hijos acerca de sus vidas, en saber quiénes eran sus amigos y en mantener a los chicos en casa en las noches.

También se aprobó una ley que prohibía a los niños entre 13 y 16 años estar afuera luego de las diez de la noche en invierno y la medianoche en verano. La ley sigue en vigor en el presente.

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© Dave Imms

Casa y Escuela, la institución nacional para organizaciones de padres de familia, introdujo acuerdos para que los firmen los padres. Los contenidos varían dependiendo de la edad, y las organizaciones individuales pueden decidir lo que quieren incluir. Para los chicos de trece años en adelante, los padres pueden comprometerse a seguir todas las recomendaciones y también, por ejemplo, a no permitirles a sus hijos tener fiestas sin supervisión, a no comprar alcohol para menores, y a velar por el bienestar de otros niños.

Estos acuerdos educan a los padres, pero también ayudan a fortalecer su autoridad en el hogar, arguye Hrefna Sigurjónsdóttir, la directora de Casa y Escuela. “Entonces se vuelve más difícil utilizar la excusa más antigua del mundo: ‘¡Pero todos los demás pueden!’”

Se incrementaron los fondos estatales para deportes organizados, música, arte, danza y otros clubes, para darles a los chicos formas alternativas de sentirse parte de un grupo y sentirse bien, en vez de hacerlo usando drogas y alcohol, y los chicos de familias de bajos recursos recibieron ayuda para participar. En Reikiavik, por ejemplo, donde vive más de un tercio de la población islandesa, una Tarjeta de Ocio les da a algunas familias 35 mil krona (328 dólares) al año por niño para pagar actividades recreativas.

Un factor crucial es que las encuestas han continuado. Cada año, casi todos los niños en Islandia responden a una. Esto significa que hay información al día y confiable disponible todo el tiempo.

Entre 1997 y 2012, el porcentaje de chicos entre 15 y 16 años que reportaron pasar tiempo con sus padres a menudo o siempre se duplicó – de 23% a 46% – y el porcentaje de quienes participaron en deportes organizados al menos cuatro veces por semana subió de 24% a 42%. Por otro lado, el uso de cigarrillos, alcohol y cannabis en ese grupo de edad cayó.

“Aunque esto no puede mostrarse como una relación causal – lo cual es un buen ejemplo de por qué los métodos de prevención primaria pueden ser difíciles de vender a científicos – la tendencia es muy clara”, nota Álfgeir Kristjánsson, quien trabajó con la información de las encuestas y trabaja ahora en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Virginia Occidental en los Estados Unidos. “Los factores de protección han subido, los factores de riesgo han bajado y el uso de sustancias ha bajado de manera más consistente en Islandia que en cualquier otro país europeo”.

Jón Sigfússon se disculpa por llegar apenas un par de minutos tarde. “¡Estaba en una llamada de crisis!”. Prefiere no decir exactamente de dónde vino la llamada, pero fue de  una de las ciudades de otros lugares del mundo que ahora ha adoptado, en parte, las ideas de Juventud en Islandia.

En otros países, el modelo islandés podría beneficiar a millones de chicos, sin mencionar el ahorro que implicaría para las agencias de salud y la sociedad en general.

Juventud en Europa, el programa que Jón dirige, empezó en 2006 después de la presentación de la ya notable información islandesa en una reunión de las Ciudades Europeas Contra las Drogas y, él recuerda, “La gente preguntó: ¿qué estás haciendo?”.

La participación en Juventud en Europa se da a un nivel municipal en vez de ser liderada por los gobiernos nacionales. Durante el primer año, participaron ocho municipalidades. A la fecha, han tomado parte 35 en 17 países, desde áreas en las que solo un par de colegios participan hasta Tarragona, en España, donde están involucrados 4200 chicos de 15 años. El método siempre es el mismo: Jón y su equipo conversan con funcionarios locales y diseñan un cuestionario con las mismas preguntas troncales usadas en Islandia más otras preguntas hechas a medida de la localidad. Por ejemplo, las apuestas en línea han emergido recientemente como un gran problema en algunas áreas, y los funcionarios locales quieren saber cómo ello está ligado a otros comportamientos de riesgo.

Tan solo dos meses tras la devolución de los cuestionarios a Islandia, el equipo envía de vuelta un reporte inicial con los resultados, además de información acerca de cómo se comparan con otras regiones participantes. “Siempre decimos que, como los vegetales, la información debe ser fresca”, dice Jón. “Si entregas estas conclusiones un año después, la gente diría, Oh, esto fue hace mucho tiempo y quizá las cosas han cambiado…”. Además de fresca, la información debe ser local para que las escuelas, padres de familia y funcionarios puedan ver exactamente los problemas que existen en cada área.

El equipo ha analizado 99 mil cuestionarios de lugares tan distintos como las Islas Faroe, Malta y Rumanía, además de Corea del Sur y, hace muy poco tiempo, Nairobi y Guinea-Bissau. En general, los resultados muestran que cuando se trata de abuso adolescente de sustancias, los mismos factores de protección y de riesgo identificados en Islandia se aplican en todas partes. Existen algunas diferencias: en un lugar la participación en deportes organizados surgió como un factor de riesgo. Una investigación más profunda reveló que se debía a que los clubes eran dirigidos por jóvenes hombres ex-militares a quienes les gustaban las drogas para el crecimiento muscular, el alcohol y el tabaco. Aquí, entonces, se identificó un problema bien definido, inmediato y local que podía ser confrontado.

Aunque Jón y su equipo ofrecen consejos e información acerca de lo que ha funcionado hasta ahora en Islandia, cada comunidad debe decidir qué hacer dados sus resultados. A veces, no hacen nada. Un país de mayoría musulmana, que él prefiere no identificar, rechazó los resultados porque revelaban un nivel inadmisible de consumo de alcohol. Otras ciudades – tales como el origen de la “llamada de crisis” de Jón – tienen apertura a la información y dinero, pero él ha observado que puede ser mucho más difícil asegurar y mantener financiamiento para estrategias de salud preventivas que para tratamientos.

Ningún otro país ha hecho cambios a la escala vista en Islandia. Cuando se le pregunta si alguien ha copiado las leyes para mantener a los chicos en casa durante las noches, Jón sonríe. “¡Incluso Suecia se ríe y le llama el toque de queda de niños!”.

A lo largo de Europa, las cifras de consumo adolescente de alcohol y drogas han mejorado durante los últimos 20 años, aunque en ningún lugar de manera tan dramática como en Islandia, y las razones para la mejora no necesariamente están ligadas a estrategias que promuevan el bienestar adolescente. En el Reino Unido, por ejemplo, el hecho de que los adolescentes ahora pasan más tiempo en casa interactuando en línea en vez de hacerlo en persona podría ser uno de las mayores razones para la disminución de consumo de alcohol.

Pero en Kaunas, en Lituania, existe un ejemplo de lo que puede suceder gracias a la intervención activa. Desde 2006, la ciudad ha administrado los cuestionarios cinco veces, y los colegios, padres de familia, organizaciones de salud, iglesias, la policía y los servicios sociales se han unido para tratar de mejorar el bienestar de los chicos y detener el uso de sustancias. Por ejemplo, los padres reciben ocho o nueve sesiones gratis de paternidad cada año, y un nuevo programa otorga financiamientos adicionales para instituciones públicas y ONGs que trabajan para promover la salud mental y el manejo del estrés. En 2015, la ciudad empezó a ofrecer actividades deportivas gratuitas los lunes, miércoles y viernes, y existen planes para introducir un servicio de transporte gratuito para familias de bajos ingresos con la finalidad de ayudar a asistir a los chicos que no viven cerca de las instalaciones.

Entre 2006 y 2014, el número de chicos de 15 y 16 años en Kaunas que reportaron haberse emborrachado durante los últimos 30 días cayó en más o menos una cuarta parte, y los fumadores diarios cayeron en más de 30%.

En el presente, la participación en Juventud en Europa es un asunto aleatorio y el equipo en Islandia es pequeño. A Jón le gustaría que exista una institución centralizada con financiamiento dedicado para concentrarse en la expansión de Juventud en Europa. “Incluso tras haber hecho esto durante diez años, no es nuestro trabajo de tiempo completo ni el principal. Nos gustaría que alguien copie esto y lo mantenga a lo largo de Europa”, dice. “¿Y por qué solo Europa?”.

Tras nuestra caminata por el Parque Laugardalur, Gudberg Jónsson nos invita a su casa. Afuera, en el jardín, sus dos hijos mayores, Jón Konrád, de 21 años, y Birgir Ísar, de 15, me hablan acerca de beber y fumar. Jón sí toma alcohol, pero Birgir dice que no conoce a nadie en su escuela que fume o tome. También hablamos sobre sus entrenamientos de fútbol: Birgir entrena cinco o seis veces por semana; Jón, que está en su primer año estudiando negocios en la Universidad de Islandia, entrena cinco veces por semana. Ambos empezaron entrenamientos regulares después del colegio cuando tenían seis años.

Aunque Gudberg y su esposa Thórunn no planean conscientemente un número de horas por semana con sus tres hijos, sí tratan de llevarlos de manera regular al cine, el teatro, restaurantes, caminatas, pesca y, cuando las ovejas son traídas de las alturas cada septiembre, incluso salen a pastoreos familiares.

¿Pero podría el aumento significativo de chicos que participan en deportes organizados cuatro o más veces por semana tener beneficios más allá de criar niños más saludables?

¿Podría, por ejemplo, tener algo que ver con la victoria aplastante que tuvo Islandia al enfrentarse con Inglaterra en la Eurocopa de fútbol en 2016? Cuando se lo pregunto a Inga Dóra Sigfúsdóttir, quien fue nombrada Mujer del Año en Islandia en 2016, ella sonríe: “También está el éxito en la música, como Of Monsters and Men [un grupo de indie folk-pop de Reikiavik]. Son gente joven que ha sido empujada hacia el trabajo organizado. Algunas personas me han agradecido”, dice, con un guiño.

En otros lugares, las ciudades que se han unido a Juventud en Europa reportan otros beneficios. En Bucarest, por ejemplo, el ratio de suicidios adolescentes cae junto con el uso de alcohol y drogas. En Kaunas, el número de niños que cometen crímenes cayó en un tercio entre 2014 y 2015.

Como dice Inga Dóra: “Hemos aprendido a través de los estudios que necesitamos crear circunstancias en las que los chicos puedan llevar vidas saludables, y no necesiten usar sustancias, porque la vida es divertida y tienen mucho por hacer – y tienen el apoyo de padres que pasarán tiempo con ellos”.

En última instancia, los mensajes – aunque no necesariamente los métodos – son claros. Y al observar los resultados, Harvey Milkman piensa en su propio país, Estados Unidos. ¿Podría funcionar ahí también el modelo de Juventud en Islandia?

Trescientos veinticinco millones de personas contra 330 mil. Treintaitrés mil pandillas contra cero. Alrededor de 1.3 millones de jóvenes sin techo contra unos pocos.

Claramente, los Estados Unidos tienen retos que Islandia no. Pero la información de otros lugares de Europa, incluyendo ciudades como Bucarest con problemas sociales grandes y relativa pobreza, muestran que el modelo islandés puede funcionar en diferentes culturas, arguye Milkman. Y la necesidad de los Estados Unidos es grande: el consumo de alcohol de menores de edad da cuenta de alrededor del 11% de todo el alcohol consumido en el país, y el consumo excesivo de bebidas causa más de 4300 muertes por año de personas de menos de 21 años de edad.

Es, sin embargo, poco probable que se introduzca en Estados Unidos un programa nacional que siga la línea de Juventud en Islandia. Un obstáculo grande es que, mientras en Islandia hay un compromiso de largo plazo con el proyecto nacional, los programas comunitarios de salud en Estados Unidos suelen ser financiados por subvenciones de corto plazo.

Milkman ha aprendido por el camino difícil que incluso los programas de juventud que reciben aplausos y con estándares dorados no siempre son expandidos, o incluso sostenidos. “Con el Proyecto de Auto-Descubrimiento parecía que teníamos el mejor programa del mundo”, dice. “Me invitaron dos veces a la Casa Blanca. Ganó premios. Yo pensé: esto se copiará en cada ciudad y pueblo. Pero no fue así”.

Él cree que esto ocurrió porque no es posible recetar un modelo genérico a cada comunidad porque no todas tienen los mismos recursos. Cualquier movida para darles a los chicos de los Estados Unidos la oportunidad de participar en el tipo de actividades ahora comunes en Islandia, y ayudarlos así a mantenerse lejos del alcohol y otras drogas, dependerá de construir a partir de lo que ya existe. “Uno tiene que sostenerse en los recursos de la comunidad”, dice.

 “Parecía que teníamos el mejor programa del mundo”, dice Milkman. “Me invitaron dos veces a la Casa Blanca. Ganó premios. Yo pensé: esto se copiará en cada ciudad y pueblo. Pero no fue así”.

Su colega Álfgeir Kristjánsson está introduciendo las ideas islandesas al estado de Virginia Occidental. Los niños reciben encuestas en varias escuelas primarias y secundarias del estado, y un coordinador comunitario ayudará a alcanzarles los resultados a los padres y a cualquier otra persona que pueda usarlos para ayudar a los chicos locales. Pero podría ser difícil conseguir el tipo de resultados vistos en Islandia, concede Kristjánsson.

Michael O’Toole, director ejecutivo de Mentor, una caridad que trabaja para reducir el mal uso de alcohol y drogas entre niños y gente joven en el Reino Unido, afirma que ahí tampoco existe un programa coordinado de prevención del alcohol y las drogas. Uno de los factores que hacen que las estrategias de prevención sean menos efectivas en el Reino Unido es que se implementen solamente dinámicas de corto plazo, y el problema se suele dejar a las autoridades locales o a las escuelas, lo que muchas veces significa que los chicos simplemente reciben información acerca de los peligros de las drogas y el alcohol – una estrategia que, dada la evidencia, no funciona, como admite O’Toole.

O’Tool apoya plenamente el enfoque islandés en que los padres, el colegio y la comunidad se unan para ayudar a apoyar a los chicos, y en que los padres o tutores estén comprometidos con la vida de los jóvenes. Mejorar el apoyo para los chicos podría ayudar de muchas maneras, subraya. Incluso cuando se trata tan solo del alcohol y el tabaco, hay suficiente información para afirmar que, mientras mayor sea un niño cuando prueban su primer trago o cigarrillo, mejor salud tendrán a lo largo de su vida.

Pero no todas las estrategias serían aceptables en el Reino Unido – el toque de queda de niños es una, las rondas de padres por los vecindarios para identificar a niños rompiendo las reglas quizá otra. Y una versión de prueba realizada por Mentor en Brighton que suponía invitar a los padres de familia a los colegios para talleres encontró que era difícil conseguir que se comprometan.

La desconfianza del público y la poca voluntad de compromiso serán retos donde sea que los métodos islandeses sean propuestos, piensa Milkman, y llegan hasta el fondo del equilibrio de responsabilidad entre los estados y sus ciudadanos. “¿Cuánto control quieres que el gobierno tenga sobre lo que les sucede a tus niños? ¿Es esto demasiada intervención del estado en la forma de vida de las personas?”

En Islandia, la relación entre la gente y el estado ha permitido un programa nacional efectivo para disminuir el número de adolescentes fumando y bebiendo en exceso – y, en el proceso, ha unido a las familias y ayudado a los chicos a ser más saludables en todo tipo de sentidos. ¿Ningún otro país decidirá que estos beneficios valen el precio? (-Soma-)


TRADUCCIONES SOMA. Debido al poco consumo en inglés en Latinoamérica, Soma se ha trazado el objetivo de traducir al español las mejores historias sobre drogas que se publican en distintos medios internacionales. Soma no coincide necesariamente a cabalidad con las opiniones o enfoques desarrollados en estos artículos, pero considera necesario su conocimiento para ampliar, mejorar y elevar el debate en torno a las drogas en Perú y Latinoamérica.

PUBLICACIÓN ORIGINAL. Este es un artículo publicado originalmente por Mosaic Science con el título Iceland knows how to stop teen substance abuse but the rest of the world isn’t listening. Mosaic Science es una plataforma de contenidos que huye del bombardeo de noticias diarias para sumergirse en historias de largo aliento contadas por periodistas de todo el mundo. Puedes leer el artículo original aquí: https://mosaicscience.com/story/iceland-prevent-teen-substance-abuse/ y conocer las condiciones de republicación aquí: https://mosaicscience.com/story/iceland-prevent-teen-substance-abuse/republish

2 comments on “Cómo intoxicarte con tu propia química cerebral

  1. Ronald Chirinos

    Extraordinario programa, extraordinario artículo… gracias por tomarse el tiempo además de hacer esta excelente traducción para llegar a mas gente

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  2. Gracias a ti por valorar nuestro trabajo, Ronald. Te invito a que te suscribas al newsletter para recibir en tu correo la mejor información. Saludos!

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