Por Esteban Acuña Venegas
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“Hemos cambiado el prisma de considerar que el problema de las drogas es un problema social, que no es un problema político, y lo hemos trasladado al individuo, a que es un problema del individuo. Este es el principal mito, problema gigante y el mayor mal que se ha hecho con relación a las políticas públicas y al pensar sobre las drogas desde la perspectiva del daño que le produce al individuo, de la perspectiva toxicológica, biomédica, hegemónica, cuando el problema es de naturaleza social y política. No es de naturaleza médica”, dice José Carlos Bouso, en el primer capítulo de la segunda temporada de nuestro podcast Las drogas como son.
La ayahuasca es una planta psicodélica utilizada tradicionalmente por culturas amazónicas que ha despertado el interés de la ciencia por su potencial terapéutico para tratar problemas de salud mental, especialmente en el campo de las adicciones a las drogas. En la actualidad, los tratamientos de rehabilitación suelen proponer la abstinencia o el consumo cero como la única vía para que las personas puedan relacionarse con las sustancias. Pero, aunque estos enfoques han sido efectivos para muchas personas, no han funcionado para todas.
La adicción es, quizá, el principal argumento que el prohibicionismo ha explotado para fomentar el miedo en torno a las drogas, lo que ha generado la idea equivocada de que las sustancias en general son intrínsecamente malas, altamente adictivas y peligrosas. Sin embargo, hoy existe cierto consenso en la comunidad científica de que, más allá del gancho químico, que varía entre una y otra droga, gran parte de los consumos problemáticos provienen del estigma, la persecución, la presión social, el aislamiento, entre otros factores sociales e incluso genéticos.
El psiquiatra y escritor chileno, Claudio Naranjo, uno de los principales investigadores de los estados alterados de conciencia en Latinoamérica, en la última conferencia que dio en su vida, la World Ayahuasca Conference de 2019, que adaptamos y publicamos en proyectosoma.com, dijo que la ayahuasca permite reconectar con el “animal que olvidamos que somos”.
Naranjo decía que tomar ayahuasca no solo ofrece una reconexión con nuestro ser más primitivo, sino que también facilita un proceso de sanación emocional y espiritual. Y esto podría resultar clave en los procesos de rehabilitación para las personas con consumos problemáticos. Sin embargo, la experiencia con ayahuasca es profundamente personal, y aunque hay una creciente evidencia empírica sobre sus efectos positivos, aún faltan estudios científicos rigurosos que demuestren completamente su eficacia y seguridad.
José Carlos es psicólogo clínico, neuropsicólogo, doctor en farmacología, e investigador, quien lleva más de 20 años en el estudio de sustancias como el MDMA, el cannabis medicinal y la ayahuasca. Es autor del libro «Qué son las drogas de síntesis», co-autor de «¿La marihuana como medicamento?» y de «Ayahuasca y salud». Es Director de Proyectos Científicos de la Fundación International Center for Ethnobotanical Education, Research and Service (ICEERS).
Bouso ha liderado estudios pioneros sobre los efectos neuropsicológicos de la ayahuasca y recientemente ha concluido un ensayo clínico sobre la ibogaína y su aplicación en el tratamiento de la dependencia de la metadona. ¿Cómo y por qué la ayahuasca y su potencial tratamiento viene a redefinir las ideas que tenemos sobre la adicción, la abstinencia, la rehabilitación, y las drogas en general?
Esta es una versión de lectura, acortada, de la que se puede oír en nuestros canales de Spotify y Youtube.
Has dedicado las últimas décadas de tu vida a las investigaciones de diversas sustancias psicoactivas. Para entrar en la materia cuéntanos en qué te encuentras trabajando ahora…
Yo empecé investigando la MDMA -éxtasis- hace veinte años. Veinte años después es posible que se convierta en un medicamento de prescripción para el estrés postraumático. Luego estuve investigando fundamentalmente ayahuasca, cannabis medicinal o utilizado con fines médicos por personas con enfermedades crónicas. Ahora mismo me encuentro en un momento probablemente de los más emocionantes, porque acabamos de terminar un ensayo clínico con ibogaina para el tratamiento de la dependencia de la metadona. El estudio se acaba de terminar y ahora es el momento de organizar la información, analizar los datos y ver los resultados que hemos tenido. Es un ensayo clínico con ibogaína. Los estudios que había previos eran estudios de casos o estudios abiertos. No se había hecho nunca un ensayo clínico controlado, aleatorizado y nosotros acabamos de terminarlo después también de una odisea de casi 10 años, desde que empezamos a tener la idea hasta que lo hemos conseguido terminar. Así que un poco me encuentro ahora con todos estos proyectos entre manos.
Has realizado estudios neuropsicológicos de efectos a largo plazo de drogas como la cannabis, la cocaína, la ayahuasca. Para entender parte del trabajo que realizas ¿en qué consisten estos estudios neuropsicológicos y qué nos dicen también estos estudios sobre el consumo prolongado y sus consecuencias en tres sustancias que parecen tan distintas entre sí?
Efectivamente, cada sustancia tiene su propio mecanismo de acción farmacológica. Empezamos un estudio mirando los efectos a largo plazo del uso de ayahuasca. Estos estudios se iniciaron a principios de la década de los 2000, en un momento en el que no había renacimiento psicodélico ni había este hype que hay en relación a los psicodélicos, ahora mismo, actualmente. Se tenía muy poca información sobre los efectos a largo plazo del consumo de psicodélicos. El problema que había y que sigue habiendo es la gente que no hay un uso terapéutico muy extendido al utilizar psicodélicos, sino que el consumo de psicodélicos suele ser en contextos más recreativos, donde a veces las personas que utilizan psicodélicos también han utilizado otras drogas, por ejemplo, MDMA o alcohol, con lo cual hay una confusión a la hora de poder determinar los efectos o al aislar el efecto de los psicodélicos para estudiar los efectos de ese consumo a largo plazo. En ese contexto aparecen las religiones ayahuasqueras. Mi colega Josep María Fábregas abre una clínica para tratar personas con problemas de drogas en Brasil, cerca de Mapiá. Mapia es, digamos, la sede espiritual de la Iglesia del Santo Daime. En ese momento se nos presenta la oportunidad o la posibilidad de poder estudiar a personas que solamente toman ayahuasca de manera regular. Y las religiones ayahuasqueras suponen, sin que esto suene de manera despectiva, una especie de laboratorio muy interesante donde estudiar de manera naturalística y lo que ocurre en la vida real, los efectos del ayahuasca. Si entendemos que la ayahuasca es un psicodélico o un alucinógeno, como queramos llamarlo, en términos de mecanismo de acción, comparte los mismos que LSD o la psilocibina, que es mediante la unión a receptores 5-HT2A. Entonces, los psicodélicos o el uso de psicodélicos siempre ha estado asociado en cuanto a efectos agudos, a posible locura y procesos psicopatológicos, y a largo plazo a neurodegeneración y a lesiones cerebrales. Bueno, esto es lo que nos movió a investigar. Tenemos una población, que son las religiones ayahuasqueras, en Brasil. Tenemos población de gente que viene tomando ayahuasca desde que está en el vientre materno. Tenemos la posibilidad de ver cómo están sus cerebros, de alguna forma. Entonces, hicimos una serie de estudios en Brasil, luego también en España, con gente del Santo Daime, incluso con pruebas neuropsicológicas, que son pruebas que evalúan funciones cognitivas, lo que es memoria, capacidad de planificación de tareas, diferentes tipos de memoria, atención; también lo que se llaman funciones ejecutivas, que es la capacidad para también establecer estrategias y manejarnos en nuestra vida cotidiana. En España, junto con esta batería de pruebas neuropsicológicas, metimos a los voluntarios en una máquina de resonancia magnética para poder observar en vivo cómo funciona su cerebro, y una de las cosas más interesantes que encontramos, y esto lo publicamos en 2015, es que la ayahuasca produce modificaciones en la corteza del cerebro, en lo que se llama el córtex, que es la capa externa del cerebro, digamos, formada por las neuronas. ¿Qué ocurre cuando uno se enfrenta a una práctica, por ejemplo, uno quiere aprender a tocar el piano, se le mete en una máquina de resonancia, luego pasa cuatro horas diarias tocando el piano, y tres meses después se le mete en esa misma máquina de resonancia, y se ve que hay ciertas zonas de su cerebro, probablemente las áreas motoras, y algunas otras, han ganado en groso vertical, se han modificado. Eso es un resultado de una práctica concreta. Bueno, pues esto es lo que vimos: que las personas que toman ayahuasca tienen estas modificaciones en sus cerebros, es decir, la práctica de ayahuasca produce modificaciones físicas en el groso vertical, y esto puede ser un indicio de neuromodulación. Es decir, los psicodélicos, que antes se consideraban drogas que podían producir lesiones cerebrales a largo plazo, a día de hoy se consideran neuroplastógenos, es decir, drogas que son capaces de producir plasticidad neuronal. Nosotros fuimos los primeros en demostrarlo en humanos, en este estudio que publicamos en 2015. Este era el interés de estudiar los efectos neuropsicológicos a largo plazo, ver cuáles son estas consecuencias de un consumo continuado de ayahuasca, que es extrapolado a un uso continuado de cualquier otro psicodélico.
¿Qué diferencias se pueden establecer con respecto al consumo prolongado de otras sustancias, como, por ejemplo, la cocaína, que además de un alto potencial adictivo, carga además con el estigma de ser una droga dañina en sí misma con ningún potencial ni beneficio para quien la consuma. Hay algunas diferencias que podrían haber establecido en este estudio?
En nuestros estudios, en realidad, tampoco hemos encontrado grandes diferencias. Cuando se hacen estos estudios, lo que se hace es comparar a la muestra que estás estudiando con un grupo de control, en este caso, emparejados en una serie de variables, generalmente, edad, género, nivel educativo, etc. En nuestros estudios no hemos encontrado diferencias. No hemos encontrado que los consumidores de cocaína, los consumidores de cannabis, los consumidores de ayahuasca puntúen peor que sus controles en estas pruebas. Probablemente porque, en el caso de los usuarios de cannabis, las pruebas se pasaban cuando estaban abstinentes, es decir, tenían que estar un mes sin consumir, precisamente para ver el estado, sin estar influenciado por los cannabinoides. Y en el caso de la cocaína se les evaluaba 15 días después del último consumo, precisamente para no tener estas variables extrañas que pudieran estar mediatizadas porque haya todavía sustancia en el organismo. Esto también lo han encontrado otros grupos, no con cocaína, sino con uso de cannabis, que si bajo los efectos agudos del cannabis hay un deterioro en algunas pruebas, sobre todo de memoria de trabajo, este deterioro no se mantiene a lo largo del tiempo y se recupera. La principal diferencia es que, en términos de neuroplasticidad o de neuroprotección, sabemos que el cannabis es neuroprotector, hay muchísima evidencia de que el THC, el principal compuesto del cannabis, es neuroprotector, es decir, de alguna forma previene o protege al cerebro más con relación a los daños a los que se está sometido o puede incluso ser de utilidad en el tratamiento de algunas enfermedades neurodegenerativas. La ayahuasca no está tan claro que tenga este papel ni neuroprotector ni neuromodulador, aunque se están empezando a recopilar pruebas, y quien no tiene este papel neuroprotector es la cocaína.
Desde tu experiencia como psicólogo y doctor en farmacología ¿cómo diferencias entre consumo problemático, dependencia, adicción? ¿Cuáles consideras son los factores que determinan una adicción? ¿la frecuencia del uso? ¿la capacidad de mantener la funcionalidad? ¿Es posible tener consumos dependientes que no necesariamente sean problemáticos?
Hay que diferenciar dependencia de adicción, que no es lo mismo, y hay que diferenciar uso de hábito, y de consumo problemático. Dependencia es que cuando uno está consumiendo una determinada sustancia, si la deja de consumir se produce un síndrome de abstinencia. La dependencia lo producen los opiáceos, el alcohol, las benzodiazepinas. En general, la mayoría de drogas depresoras del sistema nervioso central producen dependencia. El síndrome de abstinencia es una respuesta fisiológica como reacción a la falta de la sustancia. Adicción quiere decir que hay un hábito compulsivo al consumo de una determinada sustancia y que cuando no se tiene la sustancia no necesariamente se produce síndrome de abstinencia, pero sí que producen craving, que es deseo de consumo. No es necesario tomar una sustancia para tener craving. Si a una persona adicta al juego, por ejemplo, se le impide jugar en una máquina de tragaperras desarrollan craving y una serie de sintomatología fisiológica, es decir, una sustancia idéntica o muy parecida, o incluso más intensa, de la que desarrolla una persona con un consumo de cocaína a la que no se le permite utilizar cocaína. Pero esto no tiene que ver con el síndrome de abstinencia. Tiene que ver con el desarrollo de un hábito. Estamos muy acostumbrados a escuchar que la nicotina es adictiva. Bueno, lo que es adictivo es el tabaco, no la nicotina. La nicotina no produce síndrome de abstinencia cuando se deja de consumir, con lo cual no produce dependencia. Y si alguien toma nicotina en forma de parches, por ejemplo, o en forma de chicles, no se desarrolla un hábito; cuando se deja de consumir no se desarrolla craving, con lo cual es posible que, cuando hablamos de adicción a la nicotina, estemos hablando de adicción al tabaco. Cuento esto como ejemplo paradigmático de que, en realidad, sobre lo que estamos hablando es sobre la formación de hábitos. La formación de hábitos es lo más difícil de romper en cualquier establecimiento de comportamientos. Cuando se rompe este hábito es cuando se produce esta experiencia de craving. En mi opinión, cuando aparece un consumo problemático, es cuando la persona desarrolla un hábito con relación a una sustancia que termina produciéndole más daño que beneficio, que deja de hacer las actividades cotidianas que haría normalmente, porque por encima de esas actividades está el consumo de esta sustancia y que, además, le produce daño a la salud. No es necesario tener comportamientos problemáticos para tener un uso problemático. Cualquier persona que fume 10 o 15 cigarrillos diarios está haciendo un uso problemático del tabaco. Porque esos 15 cigarrillos diarios de tabaco aumentan las probabilidades de un cáncer de pulmón de manera exponencial con relación a no fumar. Es decir, nosotros asociamos uso problemático a personas que se descontrolan con la cocaína, o que desarrollan una dependencia con la heroína y te necesitan y van a sitios marginales a proveerse de drogas y tal. Pero lo más palpable en nuestra sociedad y más evidente es un uso problemático asociado al consumo de tabaco. Y un uso problemático asociado al consumo de alcohol sin que necesariamente estas conductas sean problemáticas en sí mismas. Puede haber personas que se toman dos, tres whiskys, y no sé cuántos cigarrillos diarios y esto no les afecta en principio en su vida cotidiana pero están produciendo un daño evidente a su salud. Otra cosa es cómo se puede hacer y cómo socialmente se entiende el daño problemático y el consumo problemático. El consumo problemático normalmente se asocia a sustancias que padecen cierto estigma, que son las sustancias que están controladas y fiscalizadas, que están prohibidas. Entonces, desde el discurso hegemónico el simple hecho de fumar cannabis, por ejemplo ya se considera un consumo problemático, el mero hecho de consumir puntualmente alguna otra sustancia ilegal por el hecho de ser ilegales no por el hecho de que se desarrollen consumos problemáticos. Y para terminar, efectivamente, el hábito depende de una serie de factores, principalmente, la pureza de la sustancia, pero también la vía de administración. Sabemos que las vías inhaladas son más fáciles de producir hábito o adicción que las vías orales. O las pautas y la frecuencia de consumo. Esto es lo que terminaría definiendo el desarrollo de una adicción o no. Y ahí la mayoría de las personas se mueven en unos territorios en los que hacen un uso no problemático. Y esto es así para todas las sustancias. Incluso una persona puede desarrollar una dependencia de por vida sin que esto resulte en un consumo problemático porque no está perjudicando en nada, ni a su salud, ni a su entorno, ni a su vida laboral, ni profesional, ni familiar, ni social.
La adicción ha sido uno de los síntomas más explotados del prohibicionismo asociando la carga que tienen todas las sustancias ilegales al punto de hacernos creer a través del discurso de que cualquier consumo de drogas desata un consumo problemático. Cuando en realidad está demostrado según cifras oficiales que alrededor de un 10 a 13 por ciento de los usuarios desencadena algún tipo de consumo problemático con las sustancias. Desde tu investigación ¿la adicción es realmente mala? ¿Es negativa? ¿Es un defecto? ¿Qué dice sobre nuestra condición humana la forma en la que nosotros entendemos nuestras adicciones?
La palabra adicción viene del latín adicere, que es simplemente una palabra neutra que quiere decir que hay una tendencia a algo. Y esa tendencia a algo en principio no es ni positiva ni negativa. La palabra adicción se asocia primeramente con el consumo, el consumo de alcohol. Y es cuando ya se transforma de una palabra neutra, a una palabra moralmente definida, en algo bueno o algo malo. Pero la palabra adicción en principio no es más que el establecimiento de un hábito. Si un establecimiento de un hábito termina teniendo consecuencias perjudiciales o negativas para la persona, es cuando podemos hablar problemático y si esto no ocurre, no. ¿Qué dice la condición humana de la adicción? Dice que nuestro sistema evolutivo está precisamente diseñado por la selección natural para buscar las cosas que nos agradan y huir de las que nos desagradan. Y las drogas, pues en principio son cosas que nos agradan, por eso las consumimos. Esta imagen de la gente que consume drogas para sufrir, no sabemos de dónde ha salido, pero claro, persiguen a las personas. No hay una guerra contra las drogas, hay una guerra contra las personas. Entonces, persiguen a una serie de personas que utilizan una serie de sustancias porque les sienta bien y les gusta.
Una parte muy importante del uso de sustancias es la parte socializadora, la parte socializante. Los únicos sitios donde la gente toma drogas en solitario son los laboratorios de los investigadores en psicofarmacología. A la gente le gusta tomar drogas con otra gente. En la medida en la que las drogas y el consumo está estigmatizado, al individuo se le aísla. Entonces, muchas de las consecuencias negativas que hoy vemos sobre el consumo de drogas solamente una parte se podría checar a la farmacológica, y una parte muy importante se puede achacar al contexto en el que estas sustancias se utilizan. Por eso existen los bares, porque hay sitios donde a la gente le gusta ir a beber alcohol con otros humanos. Y por eso, entonces, muchos de los efectos que se consideran negativos o adictivos, o consumos problemáticos, en realidad, son iatrogénicos. Se han generado por el estigma y la persecución que va asociada a una serie de determinadas personas que les hace adquirir una determinada autoimagen, relacionarse con un tipo de gente y sentirse alejados del sistema.
En las comunidades indígenas no hay necesidad de transgresión. Por eso se utiliza ayahuasca y otros alucinógenos en ritos de paso. Aquí, con el estigma que se genera con relación a ciertas sustancias y a ciertos comportamientos, estamos creando constantemente subcomunidades transgresoras y necesitadas de transgresión. Es una pescadilla que se muerde la cola, es un círculo vicioso. En la medida en que los comportamientos se normalizan y las conductas se normalizan y se desestigmatizan comportamientos, muchos de los problemas asociados con estos comportamientos desaparecen.
Hay una investigación bien famosa que evidencia que lo contrario a la adicción no es la sobriedad, sino la conexión. Esta es la famosa investigación de la Universidad de Madrid, la investigación de Bruce Alexander, que demuestra que, como bien señalabas tú, la adicción no está determinada solamente por el gancho químico, sino también por una serie de elementos que podríamos englobar como calidad de vida. Entonces se observa que aquellas ratas que estaban enjauladas y aisladas se hacen adictas a la cocaína, a la morfina, a la heroína y otras drogas que se auto administraban en dosis altas y renunciaba a la comida y al agua hasta el punto de morir. En cambio, aquellas otras ratas que estaban dejadas en libertad, optaban por el agua. No solo libertad de tránsito, sino también con la posibilidad de socializar, justamente. ¿Cuál es el trasfondo social de la adicción? ¿Hasta dónde también podemos pedirle a una planta como la ayahuasca que sane nuestras adicciones?
El experimento de Bruce Alexander es muy interesante porque es la primera vez que se hace un estudio con animales tratando de imitar el medio naturalístico donde viven los animales. Otras de las razones por las que tenemos el modelo de adicción que tenemos es porque el pensamiento hegemónico sobre las adicciones ha sido construido en base a experimentos que se han hecho con animales enjaulados, en solitario y generalmente con ratas. Las ratas son animales súper sociales. Normalmente, las ratas en los laboratorios están con su comunidad. Entonces, cuando se va a someter a una rata a un experimento, se la saca de la caja de su comunidad y se la aísla en una jaula en solitario. Este hecho ya de por sí, en sí mismo, es altamente estresante para una rata. Y luego, a las ratas no les gustan las drogas. Entonces, para crearles un hábito hay que enseñarles a que se genere la adicción a las drogas. Primero, se les recompensa con comida y una vez que han aprendido que apretando una palanquita recién comida se sustituye la comida por la sustancia y poco a poco se va estirando el hábito. Es decir, que no es fácil hacer adicto a una rata. Y sin embargo, el modelo que tenemos de adicción es que cualquier consumo de cualquier sustancia nos va a hackear el cerebro porque esto es lo que ocurre a las ratas, porque son capaces de apretar luego la palanquita compulsivamente. Claro, apretar la palanquita compulsivamente primero porque tú le has le has entrenado para apretar la palanquita y segundo porque está aislada en su comunidad y en un medio que es completamente artificial. Esto es lo que hemos heredado, y todo esto viene a poner de manifiesto que efectivamente hay una serie de factores extra farmacológicos que tienen que ver con muchas cosas. Tienen que ver con el sistema social en el que vivas, en el que hayas crecido, en la educación que hayas tenido y los recursos económicos que haya tenido tu familia. Sabemos que es más visible la adicción en la gente pobre que en gente acomodada, y que las personas con menos recursos son las que terminan desarrollando quizás usos más problemáticos. ¿Por qué cambia la problemática en función de tus estudios, de tu estatus social, de tu dinero, de tu nivel educativo. Si las sustancias hackearan el cerebro, lo harían por igual para todo el mundo. Sin embargo, sabemos que hay diferencias en patrones de consumo problemáticos en función de una serie de variables psicosociales. Y por eso la mirada debe ser siempre desde este prisma de cuáles son los determinantes sociales, políticos, económicos y culturales que están detrás de los problemas de las personas. Y luego ¿hasta qué punto la ayahuasca como planta va a venir a salvar a alguien que tiene problemas con el uso de drogas? Bueno, la ayahuasca permite abrir una ventana de oportunidad en que la persona primero se limpie, se purgue, que es el efecto principal de la ayahuasca, y pueda hacer algunas reflexiones con relación a su vida. Sabemos que el fracaso de los tratamientos de desintoxicación no está en los tratamientos. Los tratamientos funcionan muy bien. El problema es cuando la persona vuelve otra vez a su medio. Si en su medio no ha cambiado nada y siguen estando las condiciones en las que están, entonces, cuando hablamos de cambios tenemos que pensar en cambios sistémicos y que estos cambios, si hay una serie de determinantes sociales, culturales, políticos, económicos, actúa también sobre estos determinantes, pues es muy difícil que solamente por el hecho de utilizar la ayahuasca o cualquier otra sustancia, como digo, habrá una ventana de oportunidad, pero es necesario hacer cambios y que la persona haga cambios en su vida más allá de lo que puede ofrecer una experiencia.
Desde la cosmovisión indígena, la ayahuasca suele ser reivindicada como una planta sagrada y no como una droga, principalmente porque sus efectos trascienden más allá de la simple experiencia, pero también porque no provoca adicción o el componente de la adicción no es tan poderoso a diferencia de drogas como la cocaína o el alcohol. Desde la medicina occidental, ¿qué es la ayahuasca? ¿Cómo se define una planta psicoactiva alucinógena? ¿Y cuál es la disputa entre llamar a una sustancia como la ayahuasca droga o planta medicinal?
Este es el eterno debate entre la medicina hegemónica, que considera que una droga es una sustancia que se introduce en el organismo y produce una serie de modificaciones fisiológicas. En este sentido, droga, fármaco y medicamento serían sinónimos, no se diferenciarían. Solamente se diferenciarían si hay potencial para crear adicción o potencial de abuso. Creo que como científico se puede considerar la ayahuasca como droga desde la perspectiva de que produce una serie de modificaciones a nivel del sistema nervioso. Pero que la palabra droga tiene una connotación asociada con sustancias que producen abuso, que producen degeneración, que producen toda esa serie de males. Pero en términos puramente científicos no hay diferencia entre droga, fármaco y medicamento. Con lo cual, en ese sentido, la ayahuasca es una droga en el sentido puramente científico, pero también es una medicina en el sentido puramente científico. Y, de hecho, así es como se utiliza en la medicina ancestral, como una medicina. También me gustaría descentralizar, es decir, quitar el papel central de la ayahuasca dentro de las medicinas tradicionales amazónicas, porque lo que es importante en las medicinas tradicionales amazónicas o ancestrales amazónicas, aunque se utiliza la ayahuasca como medicina, en realidad lo importante es el sistema médico en que la ayahuasca se utiliza. Hay una determinada cosmovisión. Hay una determinada manera de entender la salud, de entender la enfermedad, de entender las relaciones entre los humanos, las relaciones entre los humanos y el mundo natural, como las plantas o los animales, o incluso las piedras o la materia inorgánica, que para algunas cosmovisiones también tiene vida, o incluso con lo sobrenatural, porque en la medicina ancestral amazónica hay un mundo espiritual que es donde se juega la batalla de la salud y la enfermedad. Y por eso los taitas, los maestros y maestras, y los puenderos, es donde operan, en ese mundo espiritual en el que la ayahuasca es simplemente un vehículo. Detrás hay todo un aprendizaje, hay dietas, hay toda una vida, hay una carrera, que no tiene nada que envidiar en cuanto a dureza a las carreras de nuestros médicos alopáticos, porque son auténticas disciplinas epistemológicas en sí mismas.
El psiquiatra y escritor chileno Claudio Naranjo decía que cuando se toma ayahuasca se produce un fenómeno de reconciliación con el animal que olvidamos que somos y que lo que ocurre es la recuperación del amor por uno mismo. Bueno, la ayahuasca es conocida por brindar acceso a niveles de realidad distintos a los normales. ¿Cómo describirías tú la experiencia de tomar ayahuasca y cómo esta experiencia puede ayudar a entender las ambiciones?
Bueno, la experiencia de ayahuasca es idiosincrásica y en cada persona es diferente y aunque puede haber un núcleo común, en realidad no hay dos personas iguales, con lo cual no hay dos experiencias iguales de ayahuasca. Y a muchas personas parece sanarlas, pero a otras personas les puede producir un daño. Y también hay casos de brotes psicóticos de gente después de haber tomado ayahuasca que ha necesitado luego de atención psiquiátrica, o de gente que ha tomado ayahuasca en Perú o en la Amazonía y cuando han vuelto pues sienten que han sido atacados espiritualmente y están psicológica y físicamente mal. Es decir, la ayahuasca, como cualquier psicodélico, son sustancias a las que hay que aproximarse con respeto. Y quizá la ayahuasca más, ¿no? Porque está inserta precisamente en todo este sistema médico ancestral que viene acompañado de todo el mundo espiritual asociado con la ayahuasca. En la medicina alopática, se habla de que, como efecto secundario, produce náuseas y vómitos y diarrea. Pero esto en la medicina ancestral amazónica es absurdo, porque es precisamente lo que se busca, que haya una purga. Y haya una limpieza. Entonces, claro, cuando se purga, las personas que están en procesos de querer dejar las sustancias, cuando se purga y se limpia y se está bajo los efectos del ayahuasca, purgando la experiencia emocional, la experiencia psicológica, incluso la experiencia ontológica que se tiene a la vez que se va evacuando y a la vez que se va purgando supone una limpieza también psicológica y, si me apuras, espiritual, que hace que estas personas luego se sientan bien, cuando termina la ceremonia. Y, como digo, se abre esa ventana de oportunidad en la que después de haber experimentado la limpieza haber tomado conciencia de cómo es estar bien contigo mismo y con tu cuerpo y con tu espíritu, pues es donde se puede producir un inicio en el cambio. Y esto puede ser una sesión con varias, durante semanas, durante meses, cada persona necesitará su proceso. Pero, en principio, desde mi punto de vista, así es como funciona, no la ayahuasca, sino todo un sistema médico ancestral en el tratamiento de las dependencias de sustancia.
En la selva peruana la ayahuasca es conocida por su potencial para el tratamiento de la adicción, entre otros problemas de salud mental. Sin embargo, en una de tus investigaciones, justamente la de 2014, señalas que la falta de estudios impide conclusiones firmes respecto a la ayahuasca en el tratamiento de la adicción. ¿Qué es lo que todavía falta por comprender?
Digamos que estamos retomándolas hace no mucho tiempo, y pues falta todo. Hay mucha evidencia empírica, hay muchos centros, sobre todo en Perú, está el famoso centro Takiwasi, pionero en el tratamiento de las adicciones con medicina ancestral amazónica, no solo ayahuasca sino también con otras plantas y con dietas. Se han hecho ensayos clínicos para ver si la ayahuasca puede venir bien para personas con problemas de adicción. Tampoco sé si son necesarios ensayos clínicos, porque, como digo, lo que funciona es el sistema, no solamente la ayahuasca en sí. Entonces, los estudios más interesantes que creo faltan por hacer son estudios de campo. De ver en la vida real, cuando van personas a centros, a Perú o a otros lugares, con problemas con drogodependencias y hacer un seguimiento y ver en qué medida esto funciona, si no funciona, y qué es lo que pasa para que funcione y qué es lo que pasa o deja de pasar para que no funcione. Pero sí, en cuanto a investigación científica, no hay mucho más.
Se suele señalar la falta de ineficacia de los tratamientos de la adicción. Los resultados, por ejemplo, de tratamientos como los doce pasos funcionan sólo para algunas personas. Hay un alto rango de recaída, algunas personas incluso son encerradas en contra de su voluntad. ¿Cómo se compara el tratamiento de la ayahuasca con lo que se sabe hasta ahora, con los conocimientos y los estudios realizados hasta el momento, con otros tratamientos para la adicción disponibles?
Al día de hoy no se conoce un solo tratamiento eficaz para las adicciones. Tratamiento farmacológico, al menos. Lo más avanzado que hay, pero esto ya data del siglo pasado, de mediados del siglo pasado, de los años 40, es la metadona como sustitutivo de la heroína, o de otros opiáceos, o la buprenorfina, pero estamos hablando de medicamentos de sustitución, no medicamentos que curan. Luego, efectivamente, hay toda una panoplia de diferentes tratamientos, algunos voluntarios, otros involuntarios, como algunos países en los que a la gente se le somete a tratamiento en contra de su voluntad. Cualquier tratamiento médico o en drogas coercitivo está condenado al fracaso antes de empezar. De nuevo nos vemos en otro círculo vicioso. La coerción en tratamientos para dejar las drogas, lo único que producen es que durante el tiempo en el que la persona va a estar aislada, pues no va a consumir, pero es que para dejar la sustancia realmente hay que tener motivación para dejarlas, hay que querer dejarlas. Y ningún tratamiento funciona cuando no hay motivación. De hecho, en los estudios que se hacen, el simple paso del tiempo, es decir, el hecho de que las personas se hacen mayores, adultas, van adquiriendo responsabilidades, tal, el paso del tiempo, explica en un porcentaje mucho más alto el abandono del consumo por encima de cualquier tratamiento conocido. Si además a cualquier tratamiento conocido le metes un tratamiento coercitivo, pues apaga y vámonos. Lo único que estás haciendo es alimentar el problema en vez de solucionarlo. Yo creo que que todo esto es una madeja, una maraña de hilos muy difíciles de desmadejar, porque aquí hay cuestiones farmacológicas, hay cuestiones personales, cuestiones psicosociales, cuestiones legales, jurídicas, políticas, que hacen que sea muy difícil desenmarañar todo esto. Pero todos estos factores están jugando su papel. Por ejemplo, con ayahuasca lo que hemos visto cuando nos hemos ido a Brasil es que las personas no hacen, no tienen ningún consumo problemático con relación al ayahuasca. En Brasil el uso religioso de ayahuasca está permitido, incluso a embarazadas, incluso a niños y adolescentes, no se persigue a nadie por tal y las personas no tienen problemas relacionados. No sabemos si esto mismo puede ocurrir en Francia, donde el ayahuasca está prohibida y donde la gente la pueden meter en la cárcel por consumir ayahuasca. Por ejemplo, para que se entienda cuáles son estas causas políticas que pueden estar influyendo en un proceso de adicción o incluso en un proceso de neurotoxicidad. En 2006, cuando se publica el primer estudio de neuroimagen con cannabis, se encuentra que los usuarios de cannabis tienen el hipocampo, que es una estructura del cerebro relacionada con la codificación de los estímulos que vienen del mundo exterior para lanzarlos a los depósitos de memoria y que de tal forma que cuando se quieren recordar, cuanto mejor codificada está la información, mejor recuerdo hay. Habían encontrado una disminución del hipocampo, es decir, una neurotoxicidad en el hipocampo de los usuarios de cannabis. Y lo achacaron al consumo de cannabis, lo cual era lógico pensar. Alguien está tomando una sustancia, tiene el hipocampo más pequeño, pensamos que el cannabis puede producir neurotoxicidad, ese hipocampo pequeño se relaciona con el consumo de cannabis. Parece sensato. Unos años después se hizo un estudio muy parecido midiendo también el hipocampo en personas con diferentes niveles de religiosidad. Y resulta que tenían el hipocampo también más pequeño, personas muy polarizadas, muy fundamentalistas. Y los investigadores relacionaron esta disminución del hipocampo con un fundamentalismo religioso en el sentido de que son personas que están más ayudadas de la comunidad por su fanatismo y que están más expuestas al estrés. Y sabemos que las hormonas del estrés atacan el hipocampo. Esto mismo se podría haber dicho de los usuarios de cannabis. Se hizo en Estados Unidos, en un momento en el que podían quitarte la custodia de tus hijos si eras consumidor de cannabis. En un momento en el que por consumir cannabis te podían meter en la cárcel. Paradójicamente ahora en Estados Unidos ya casi todos los estados norteamericanos tienen leyes sobre cannabis y la mayoría y casi todo Estados Unidos sobre cannabis medicinal. No se han vuelto a poder replicar estos estudios porque los consumidores de cannabis llevan una vida fuera del estigma, fuera de la persecución. Es decir, un efecto político está o una situación política está produciendo un claro efecto a nivel cerebral y en una determinada población que sufre las consecuencias de ese criterio político, y consecuencias que tienen que ver con el estigma, con la separación, la persecución, el esconderse y el generar subculturas de reacción a todo esto puede terminar siendo altamente estresante y, por tanto, terminar produciendo problemas a nivel neuropsiquiátrico.
Hay otros factores que se mencionan frecuentemente, por ejemplo, la existencia de un llamado gen adictivo. ¿Qué tan cierta es esta afirmación y qué papel juega la historia familiar en nuestra relación con las sustancias adictivas? El psicólogo Gabor Maté, reconocido por su trabajo en el campo de las adicciones, dice que esta creencia es uno de los mayores mitos sobre el tema y sostiene que el verdadero origen de la adicción radica en el trauma.
Ni existe el gen de la adicción ni la adicción se fundamenta en el trauma. En el modelo de Gabor Maté de una forma u otra todos hemos sido traumados en algún momento de nuestra infancia. Gabor Maté empezó su modelo del trauma en las adicciones y luego lo extrapoló al TDAH, al trastorno de hiperactividad con definitiva atención y luego lo ha extrapolado a infinidad, a todos los padecimientos que podemos tener. En realidad, este es un pensamiento heredado de una de las primeras fases del pensamiento de Freud, de considerar que hay que volver a etapas primeras del desarrollo donde se ha producido una situación traumática y probablemente está reprimida, recuperarla y así se resolverá el problema. El propio Freud en su fase final de su pensamiento rechazó la teoría de la represión y la teoría de la represión sigue estando fundamentada en muchas de las pseudoterapias y en muchos de los pseudo conocimientos científicos entre los que yo incluiría la forma de pensar de Gabor Maté. No hay ninguna evidencia de que las adicciones se deban a un trauma. Las adicciones son algo súper complejo que tiene que ver con las condiciones en las que vivas, el estatus socio-económico, la educación que has recibido, etcétera. Claro, lo que pasa es que es una hipótesis muy difícil de falsar. Primero, ¿por qué personas que realmente han tenido traumas severos como abusos sexuales en la infancia no han desarrollado problemas de adicciones? A lo mejor el trauma no lo explica todo. Entonces. ¿por qué personas que aparentemente han tenido una vida parecida a la de Buda en la que no se han expuesto nunca a situaciones conflictivas dedicadas a su vida desarrollan problemas con adicciones? Es una teoría imposible de falsar. Suena muy bien, es muy bonita, pero es igual de acientífica que el gen de la adicción. No hay ninguna conducta humana, ninguna enfermedad mental, si es que existen, responden a causas unigenéticas, unifactoriales. Son múltiples combinaciones. Si hablamos de genes, son diferentes combinaciones de genes, pero que un gen explique algo tan complicado como la adicción, o que un evento que te ocurrió en tu infancia y que además no recuerdas es causante de todo lo que te pasa ahora, obviando todo tu desarrollo biográfico, pues hombre, como poco es simplista y reduccionista.
¿Y cuáles son los principales mitos o malentendidos sobre la adicción que has descubierto? ¿Cómo afectan también estos mitos a los usuarios, a la ciencia, a la comprensión de las sustancias que nos rodean y a la sociedad en general?
Los principales mitos son los mitos modernos. El haber incluido en el convenio del 61 de Naciones Unidas a las tres principales medicinas que ha tenido la humanidad desde que es humanidad, que son el cannabis, la amapola, del opio y la hoja de coca. Esto es una auténtica aberración. O sea, esto, bueno, probablemente si los humanos no hubiéramos tenido cannabis y no hubiéramos tenido opiáceos, no hubiéramos llegado donde llegamos, porque son las principales fuentes de analgesia. Y en toda la América Andina, por supuesto sin la hoja de coca, pues a lo mejor no existiría, porque la hoja de coca es inextricable a su condición humana y a su patrimonio biocultural. Entonces, ahí ya se instala, se empiezan a instalar estos mitos de que las drogas producen locura, producen dependencia. Drogas, estamos hablando de esas tres principales medicinas que ha utilizado siempre el ser humano. Y las ha utilizado precisamente porque antes de la compartimentalización de los saberes y del conocimiento, las drogas servían tanto para curar como para la recreación artística, como para la diversión, todo formaba parte de lo mismo. Esta separación, entonces ahí viene la realidad, el mito más pernicioso es el mito fundacional del convenio del 61 en el que se incluyen estas tres plantas. ¿Cómo se pueden perseguir plantas? ¿Cómo se pueden prohibir plantas? ¿Cómo se pueden fiscalizar plantas? Bueno, pues las luminarias de los años 70 y tantos apuntalados por el gobierno de los Estados Unidos es cuando se decide este convenio. Paradójicamente, setenta y tantos años después, ahora el país que dio origen a la prohibición está legalizando el cannabis. Y fue el país. Entonces, para mí esto ha hecho un daño inmenso, un daño infinito. Es la causa de la guerra contra las personas, es la causa de los desplazamientos de los cultivos, de las mafias criminales, de que el negocio de las drogas mueva creo que cerca del equivalente al 3% del Producto Interior Bruto Mundial, el crimen organizado, y el 80% del crimen organizado se relaciona con el consumo, con el tráfico de drogas. Los daños morales, económicos, sociales, de corrupción de las democracias, de corrupciones judiciales, policiales, bueno, es que son infinitos, son inconmensurables. Hemos pasado, cambiado el prisma de considerar que el problema de las drogas es un problema social que no es un problema y político, y lo hemos trasladado al individuo, a que es un problema del individuo. Este es el principal mito, problema gigante y el mayor mal que se ha hecho con relación a las políticas públicas y al pensar sobre las drogas desde la perspectiva del daño que le produce al individuo, de la perspectiva toxicológica, biomédica, hegemónica, cuando el problema es de naturaleza social y política. No es de naturaleza médica.
Decía usted en una de sus entrevistas que en los rituales con plantas alucinógenas lo cultural, lo artístico, lo espiritual, lo creativo parecen formar parte de un todo y que más bien lo raro es que hoy paguemos por ir a una consulta a hablar sobre nuestros problemas con un desconocido. ¿Qué han enseñado las comunidades indígenas que utilizan ayahuasca sobre la adicción y su tratamiento y qué estamos pasando por alto en la medicina occidental que ellos sí comprenden?
Bueno, pues probablemente que el problema de las adicciones no es un problema exclusivamente del individuo, sino en cómo se relaciona uno con su ecosistema, con su comunidad y con su medio ambiente. Tampoco se habría podido responder muy bien a esta pregunta, porque el problema de la solución de las adicciones por la medicina ancestral es relativamente nueva. Ellos no tienen esos problemas. Bueno, supongo que muchas comunidades tienen problemas de alcoholismo y esto es paradójico también, ¿no? Cómo en muchas comunidades indígenas también se trata a personas con problemas de alcoholismo, pero muchas de ellas tienen dentro los propios problemas de alcoholismo. Probablemente por esto. Porque hay todo un sistema psicosocial que está influenciando en la problemática.
José Carlos, su trabajo en el campo de las adicciones y las sustancias psicoactivas ha sido profundo y también pionero. ¿Qué es lo que lo motiva todavía a seguir realizando este trabajo y a dedicar su vida a esta área de estudio?
Bueno, a mí ahora mismo lo que me motiva principalmente es que acabamos de terminar este ensayo clínico con ibogaina, en el que hemos encontrado cosas muy interesantes, como que la ibogaína revierte la tolerancia de los opiáceos y elimina el síndrome de abstinencia y lo que me sigue animando es la curiosidad que sigo teniendo por conocer cómo funciona el mundo, cómo funcionan las cosas en el campo de las adicciones, cómo funciona en este caso la ibogaína para ayudar a personas que tienen problemas de dependencia con opiáceos y, por supuesto, una tendencia a preocuparme por el estado de bienestar de la gente y, como científico y psicólogo, es mi vocación tratar de investigar posibles tratamientos para los males que padecemos los humanos.
Este podcast es una producción de Proyecto Soma y es posible gracias al apoyo de la Source Research Foundation.
La entrevista fue realizada por Esteban Acuña Venegas | Francesca Brivio estuvo a cargo de la coordinación | La edición general estuvo bajo la supervisión de Raúl Lescano | La edición de sonido ha sido un trabajo de Santiago Martinez Reid | La música es una composición de Dr.100

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